Estas navidades he ido a un lugar llamado ONUVA, ....y ahora, pensando en este tiempo, tengo que reconocer que, no me habia dado cuenta de lo cansada que estaba moralmente, hasta que llegué allí y pasaron algunas horas.
Cuando me fui, me encontraba en el punto ese en el que se piensa: "como me gustaría perderme por ahí, sin que nadie sepa donde estoy, para que ninguno pueda encontrarme."
Quizás porque me sentía demasiado contaminada de las cosas que tengo alrededor, y notaba la necesidad de desintoxicarme de todo, de pensamientos, agobios, proyectos.....y no me refiero a "Quiero unas vacaciones", es otra cosa,como... que solo pides estar con calma y quietud, sin ruidos, ni fuertes, ni flojos, sin necesidad de pensar en el hoy ni tampoco en el mañana .
En este lugar a parte de sentir el silencio, la serenidad y vida, mucha vida, me he encontrado con esa chispa, esa luz pequeñita, esa gracia que solo se nota o se percibe cuando observas y callas, y compruebas, que los que están allí se complacen en servir, y no murmuran, se desgastan por los otros y no se quejan , se diluyen para que no se les agradezca.
Seguro que cada uno de los que fuimos lo hicimos por motivos diferentes; buscando algo nuevo, o quizás para relajarse, otros para olvidar, o a la aventura , para curiosear , lo cierto, es que todos nos encontramos con que la felicidad no solo se puede ver, también se puede respirar y todos comprobamos que el aire de allí la transporta , y aunque no quieras te llega, y llega a tus pulmones contagiándolos como si fuese un virus, la consecuencia de esto es que, cuando te marchas ya no eres el mismo, quizás porque te vas infectado y es de felicidad.
Es un regalo que todavía queden lugares así y que nos abran las puertas sin hacer preguntas a los que vamos cansados, para contemplar que la felicidad está en lo escondido y que en mi caso puedo seguir respirándola porque el aire no se acaba.