Este año, para las vacaciones no habíamos planeado hacer nada porque nuestra cocina está pidiendo a gritos unos arreglos pero al final todo quedó en meros proyectos.
Por este motivo, en dos días tuvimos que elegir un poco al azar donde podíamos ir.
Mis hijos mayores dudando sobre si se apuntaban, con nosotros y los pequeños, a la aventura.
Así, que ahí nos teníais a todos, seis de mis hijos y nosotros dos montados en la furgoneta ,camino de un camping que no sabíamos muy bien donde estaba, y si realmente lo que nos encontrásemos nos iba a gustar.
No nos llevamos ni portátil, ni móvil con internet, ni maquinitas, además la televisión de nuestro bungalow cuando llegamos, se estropeó....Al principio me asusté un poco, bueno, un poco más todavía, sobretodo, pensando en los críos y en que esta situación sería igual que el funcionamiento de la olla a presión, que aunque los ingredientes que le eches sean los mejores(éramos muchos y con ganas de pasarlo bien y descansar) y la olla sea la que te ofrezca las mejores prestaciones,(el camping era precioso, en un entorno genial puesto que la naturaleza era nuestra vecina a izquierda y a derecha, y sin calor) esta olla, y este era mi temor, si está mal cerrada o si el fuego es excesivo, terminaría explotando.
La experiencia de esta semana para mi ha sido sorprendente.
He experimentado, más que nunca, la grandeza de las relaciones con la familia. No lo sabemos, pero estamos mucho más capacitados de lo que pensamos para convivir hermanos mayores con pequeños y medianos, padres con hijos adolescentes y no tan adolescentes y todos a su vez mezclados.
Lo que ocurre es que las nuevas tecnologías hacen que nos dispersemos, engañándonos, haciéndonos creer que no necesitamos al otro que duerme en nuestra misma habitación o en la de enfrente.
Creo que, la realidad de estas tecnologías es que nos acercan a los que están lejos, pero nos alejan de los que están cerca.
Por eso, en estas vacaciones familiares en estado puro, donde hemos podido hablar y discutir, discutir y hablar, jugar a las cartas, reírnos mientras comíamos, con las bromas o con los pedos que a alguno se le han escapado mientras jugábamos..., pelearnos por el turno del libro que nos estábamos leyendo algunos, dormir por primera vez en una tienda de campaña el hermano mayor con el más pequeño.....han hecho que vea, cuanto nos necesitamos, y que la felicidad no te la da el destino escogido para las vacaciones o si somos pocos o muchos en la familia o si el lugar tiene más o menos comodidades.
Realmente, cuando he descubierto que el otro no me estorba, sino que me completa, haciendo que salga de mí todo lo bueno y lo malo que llevo, para bien, es cuando se degusta un poco del sabor que tiene la felicidad.